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El lado oscuro del Corazón (1993) un viaje al fondo ¿pero de qué?

A veces la vida trata de enseñar; en forma de muerte, en forma de verdad.
Otras tantas sólo se quiere imaginar; de modo solemne, de modo irreal.

Este filme de producción argentino-canadiense que fuese estrenado un 21 de mayo de 1992 bajo la dirección del trasandino Eliseo Suviela, relata la historia de un hombre y su amor a la poesía, la vida y por qué negarlo a la máxima expresión de la unión de estos dos conceptos: “La mujer”.

Así, durante los 127 minutos en que transcurre la cinta, se regala entre cada diálogo magistrales monólogos a partir de poemas de Mario Benedetti, Juan Gelman y Oliverio Girondo.

Y es que cuando Oliverio (Darío Grandinetti) un poeta de oficio se enamora de María (Nacha Guevara) puta de profesión, queda claro que hay leyes que se hicieron para ser respetadas, ya que si una vez se decidió ver a una puta con luz de día, hay que asumir las consecuencias.

De ahí que la muerte (, Sandra Ballesteros), se muestre tan empeñada de hacer madurar a este personaje. Pero no, el quiere volar a cualquier precio o sufrimiento, ya que cree firmemente en que incluso es el dolor el que le permite dar forma y sentido al corazón.

Un resumen merecedor de la película es el fragmento en que se nos regala una adaptación del poema de Girondo Comunión plenaria, en el que previamente se puede captar el exquisito juego sonoro.



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>Fuente

El ciudadano Kane (1941) Una película para ver, que si no gusta simplemente habrá que agradecer

Hay películas que marcan paradigmas incluso desde el mismo día de su estreno. Este es el caso de la mítica Citizen Kane (el ciudadano Kane), que dejó para siempre un antes y un después de cómo se pensaba el manejo de cámaras a la hora de filmar.


Dirigida y protagonizada por el estadounidense Orson Welles, esta película fue ganadora en su momento (1941) de un premio Oscar. Curiosamente el ganado fue en la categoría de “mejor guión”, donde Welles no habría tenido gran participación.

El verdadero rol de Welles estuvo, en como se ocupó todo, absolutamente todo lo disponible en su momento para adentrarnos en la historia de Charles Foster Kane, un personaje inspirado en el magnate William Randolph Hearst, un polémico periodista, considerado el iniciador de la prensa amarillista.

Pero, más allá de premios, o no premios, lo cierto es que esta película que para muchos es considerada como el mejor filme de todos los tiempos, fue una de las primeras en ocupar la regresión temporal, contando todo desde el final al comienzo. Además de utilizar una serie de recursos como el picado o la profundidad de campo junto al de grúas para dar forma a los travellings.

Este recurso toma preponderancia sobre todo cuando nos vemos sumergidos por la música incidental a cargo de Bernard Herrman, donde al adentrarnos a cada nueva locación cerrada, primero vemos el mundo desde arriba dándonos la sensación de que podríamos controlarlo todo, pero que en vez de eso preferimos simplemente observar. Algo que Charles Foster Kane, nunca haría.

Así, podemos ser testigos privilegiados de todo el tormento y la colusión que hay en el ambiente ejemplo de esto,

la escena de chantaje de John Gettis a Kane, donde no hay necesidad de tiros rápidos o violentos de la cámara, ni menos primeros planos, ya que la angustia se siente simplemente a partir de los planos generales y medios, donde nos hace pensar y sentir que fuésemos testigos ovni sientes, ya que podemos acceder a la ventana de la información sin intervención alguna.

En resumen, una película que si bien carga con grandes juicios previos, al momento de proyectarla uno puede decidir si la valora porque le atrapa, o porque dio pie a muchos de los recursos del lenguaje cinematográfico que hoy se encuentran en nuestras películas favoritas.